Historia de un encuentro fortuito
Emily, me siento abatido por contarte esto de esta manera, se suponía debías estar aquí a mi lado, viviendo estas experiencias conmigo. Por si fuera poco, no soy bueno contando historias –quizás habrás de recordar, que nunca hablo en las fogatas, pues casi siempre hago el ridículo- jamás logre aprenderme una buena, pero intentare ser lo más objetivo posible. En principio, esta es nuestra historia, o lo que pudo haber sido.
Recuerdo te fuiste un día soleado de ese mes intermedio en los tiempos de primavera y otoño –Diablos Emily, prometiste volver… Nunca lo hiciste, pero eso es otra historia- las nubes querían opacar al sol, pero fueron vencidas en un duelo severo –Para ser honesto, el viento estaba de parte del primero, juraría que eso ayudo- pasaste la mañana, preparando las valijas en secreto y con rapidez, deseabas evitar el encuentro, las interminables explicaciones eran demasiado para ti pero, yo necesitaba saberlo. El taxi llego antes, las maletas fueron terminadas tarde, el trayecto al aeropuerto, según contaste fue rápido. Yo seguía preparando nuestra salida al cine de ese día, ya había revisado las carteleras, inclusive escogido el cine y la hora, hice reservaciones en el restaurante a las afueras de la provincia, solo era una hora de viaje sin embargo por la comida y el servicio valía la pena el trayecto. Una velada única y especial para nuestro aniversario. Toqué fuerte e incesantemente tu puerta 23 veces (en 23 ocasiones coloque mi puño contra tu puerta para cometer segmentos de 23 golpes) pero nadie contestaba. La vecina, tu vecina, me comento -todos se marcharon horas antes-, no podía creerlo pero a la vez, todo indicaba era cierto, 36 llamadas perdidas a tu celular, 23 golpes a tu puerta sin señales de vida, sin respuesta alguna.
Podría mentir Emily, pero esta carta se trata de contarte una historia. Abandone mis esperanzas al tercer día de tu desaparición, no existía prueba alguna de que una vez estuviste ahí a mi lado, te encargaste de evitar todo contacto con mi mundo y de obligarme a separarme de él con tal de ir al tuyo, vivir en el, morir en el, todo por tu partida. –Te maldije ese día, te maldigo ahora- Las cosas no eran las mismas, mi mundo ya no me quería, tu mundo no me necesitaba, no poseía hogar, no tenia propósito, mi valía aumentaba con mi muerte… no era mala la idea, ya no estabas aquí, nadie necesitaba una carga extra, podía liberar a muchos, pero eso significaba que tu ganabas. Al borde de mi fracaso y en la cúspide de mi nuevo plan, entendí era mejor retar tu deseo y sobrellevar tanto mi carga como lo tuya. No funciono de esa manera, caí en la bebida, lo intente varias veces más, todo indicaba fracaso, debo decir que perdí las fuerzas ese día, mire el calendario –rayos- era el 5 día desde tu partida y no tenía más soluciones para mi mal de amor, fui a rehabilitación, la deje, empecé a fumar, confundía el olor del cigarro con tu fragancia, sabía que era peor de esa manera, mi comportamiento era obsesivo –Maldita sea mujer, me destrozaste, pero no fue solo tu culpa, yo mismo estuve ciego mucho tiempo y no lo vi venir, aun así…- pero era mi forma de mantenerme sobrio a mi otra adicción, de la cual llevaba 22 intentos fallidos, empezaba a pensar que quizás alguien saboteaba mis planes, pero aun así, el cigarro tenia a mi mente ocupada.
Eventualmente, el tratamiento de parches de nicotina comenzó, mi sangre salía limpia al 11 día, fui dado de alta, este suceso ultimo combino con el dieciseisavo día de tu partida, más de medio mes, las terapias y los consejeros me ayudaron a superarte, estaba listo, era un hombre nuevo. Llegue a la casa de Robert- Recordaras a Robert, alto, corpulento, cabello corto, aun mas que el mío si eso era posible, de tez india- celebramos mi regreso al mundo de los vivos, quemamos tu foto –la que yo aun guardaba en mi billetera- y libramos de ataduras mi mente, cuerpo, alma y corazón. Todo iba de maravillas, hasta que vi a tu madre, ella me conto de tu situación, te habías enfermado –debías hacerlo cuando empezaba a superar todas las adicciones?- los doctores afirmaban era muy raro el virus, no tenía cura, tu madre lloraba a cantaros, sus sollozos me recordaron a los míos en esa noche del tercer día. Trate de consolarla, no pude, otro fracaso más a mi expediente permanente.
Se hospedaba en su vieja residencia, acabada por la soledad, descascarándose en leves capas de antigüedad. Iris, tu madre, había vuelto justo al vigésimo día de su desaparición, aun así, la casa yacía polvorienta y con olor a moho, justo como mi corazón. –Casi había logrado desenlazarme de ti pero te las ingeniaste para volver, y esta vez eras la necesitaba y yo el héroe imposible- La visite cada día, pase con ella una que otra tarde hasta que al vigésimo segundo día, le avisaron habías tenido progreso, se marcho sin decir más supuse el drama había concluido y tu volverías a tu cotidianidad, serias nuevamente la seducción y hasta quizás te encontrarías con un rival digno de tu ingenio. Yo se que yo no lo fui… Al menos no en ese momento. Deje pasar el tiempo para acostumbrarme nuevamente al vacio, volví a terapia, esta vez de grupo con tal de liberar el estrés, la angustia y el imponente deseo de… Me ayudo mucho, fui a tres y amanecido el vigésimo tercer día, era un hombre saludable y capaz, agradecí haber ido temprano a la clínica, tome los tres cursos del día y supere mis tres conflictos, uno por clase.
Deje de escribirte, aun no había enviado nada, no pretendía hacerlo pero Sam quería que yo terminara, o al menos que te comunicara lo que ya había hecho. –Sam, es ahora mi chica especial, la conocí en casa de Jen, de seguro la recuerdas, la chica que solía ser tu mejor amiga- Logro convencerme y decidí contarte acerca del final de la historia, nadie de tu familia había vuelto, el trigésimo noveno día canto junto al gallo su crepúsculo dando inicio –Según tiempos ancestrales- al cuadragésimo día sin tu presencia. Sam y yo intentamos hacer lo que por años te pedí, ella es muy atenta en ese sentido, me recuerda lo frágil que es la mujer y como debe de ser tocada solo por rosas pues no existe tacto alguno que merezca rozar su piel. Repito lo que escribí antes, Emily, no mentiré en esta carta, la verdad yo no sentía esto contigo, lo cual me probó quizás tarde pero al menos seguro, que lo que hiciste fue no solo lo mejor para ambos sino que también se convirtió en el más maravilloso de los regalos que jamás me otorgaste.
Lo pensé mucho, Sam me ayudo –Ahora vive siempre sobre mí, es como mi sombra- concluimos en contarte como conocíamos tu paradero y como supimos la historia de tu partida. No fue fácil lo admito, tuve que viajar varias veces a Inglaterra. -Porque a Inglaterra te preguntaras?- Bueno, de allí provino tu madre en el vigésimo día, así que regrese por los pasos que ella marco, por algo pase las tardes con ella, tome prestado varias veces su pasaporte e investigue sus vuelos. Claro, eso no se compara con el trabajo detectivesco que realizo Sam al llegar a Vancouver, y saber que te hospedas en esa casa de campo a las afueras. Te observamos durante días, la verdad, allí pasamos la temporada de trigésimos, cuadragésimos y sexagésimos días, descansamos en el tiempo entre los dos últimos, no eras tan importante y solo investigábamos una historia, una verdad. Lo descubrimos todo la noche del septuagésimo primer día, comenzaste a hablar dormida, que ángel eras cuando el sueño eliminaba la malicia de tus ojos y los demonios de tu cara. Aprovechamos el evento, llevamos las preguntas, tú otorgaste las respuestas, los ruidos del paso tambaleante de tus padres, frecuentemente nos hizo dudar de si continuar pero su baile era más ruidoso que tus vocales, y pronto fuimos tranquilizados con el cesar del tambalear, se habían dormido.
Volvimos a casa lo más pronto posible, la aventura de verano término y teníamos una carta que finalizar. -Te preguntaras como entonces?- Comienza con el día de tu partida, tardamos setenta y un días en averiguar que ocurrió, así que… porque contar primero nuestra historia? Emily, te confieso para momento que leas esta carta, habrán pasado 9 días desde que fue escrita por la historia mía y de Sam, cuando veas esto el octogésimo día habrá llegado, y contando desde el instante que leas esta línea, esperaras ciento noventa días con exactitud, para marcar a mi casa y llamarme… Papa.
Por Dark Wolf